Año 2 No.17 - Diciembre 2009

El impresionista mexicano.

Te gusta la PINTURA IMPRESIONISTA?.
El impresionismo es un movimiento pictórico que surgió en Francia a finales del Siglo 19. El objetivo de los impresionistas era conseguir una representación del mundo espontánea y directa. los impresionistas se dedicaron, sobre todo, al paisaje, dando origen a la pintura llamada plenairista o al aire libre.

Colaboración especial de: Delia Granados Colmenero.

Claude Monet.

Serie de obras llamada “Nympheas”.

La técnica del impresionismo consiste en que el pintor debe pintar lo que ve, no la forma de las cosas ya que eso es propio de los dibujantes, sino la sensación de luz que reciben sus ojos, aunque sepa que las cosas son de otra manera a como las percibe. Es la impresión visual lo que hay que transmitir.

El pintor se centra en los efectos que produce la luz natural sobre los objetos y no en la representación exacta de sus formas ya que la luz tiende a difuminar los contornos. Ve colores que conforman cosas, y eso es lo que plasma.

Al mencionar a los principales exponentes del Impresionismo, reconoce uno inmediatamente los nombres de Claude Monet, Pedro Augusto Renoir, Edgardo Degas, Eugene Boudin, entre otros; pero sabías que existió UN IMPRESIONISTA MEXICANO?.

JOAQUÍN CLAUSELL

1866-1935

Joaquín Clausell fue el único pintor mexicano de su época que dedicó el total de su obra al movimiento impresionista. Nació en Campeche en 1866; al concluir el bachillerato se trasladó a la ciudad de México para estudiar Leyes, obteniendo el título de abogado en 1896. Mientras realizaba sus estudios profesionales se dedicó al periodismo y a la caricatura política, comenzó a publicar en el diario La Campaña Electoral de 1886 ; para 1892 formó un partido anti-reeleccionista, escribió para La República y, posteriormente, fundó y dirigió un periódico de oposición: El Demócrata.
A la postre su activismo político lo llevaría a prisión en aquellos tiempos difíciles del Porfiriato.

Fuentes brotantes en otoño.

Decepcionado por la situación desigual que se vivía en México, por la inestabilidad y el hambre maquilladas de un progreso afrancesado, Joaquín Clausell se marchó a Nueva York, donde permaneció un tiempo hasta que se trasladó a París. Allí, a partir del contacto que estableció con los impresionistas, especialmente con Emile Zolá, se reveló su vocación por la pintura.

Marina

De regreso a México, el artista creó en la azotea de la casona que habitaba con su esposa —El viejo Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya— , ubicada en el centro de la ciudad de México, un taller de pintura que además sirviera como centro de reunión para cuando departía con sus amigos de la Revista Savia Moderna.
Lenta y obsesivamente llenó las paredes de ese refugio con un aproximado de mil trescientos bocetos cuadrados y pequeños que forman un mosaico de fantasía, caprichos y sueños. Las pequeñas obras de los muros no tienen unidad temática: hay retratos de personajes históricos, de sus contemporáneos, de familiares y amigos que se mezclan con iconos religiosos, cristos, cruces, ángeles que se topan de frente con animales fantásticos o seres mitológicos; pequeñas escenas y paisajes.

Muros del estudio de Joaquín Clausell,

pintados por el artista (fragmento).

Dicen —a modo de leyenda— que la obra mural surgió porque el artista utilizaba las paredes para quitar el exceso de pintura de sus herramientas de trabajo: los pinceles. Entonces, utilizando como base las manchas, se disponía —un poco en trance— a crear o a sacar esas imágenes que reclamaban su existencia. Tal vez por eso se considera que ése es uno de los rincones más enigmáticos de la ciudad de México: un lugar donde de algún modo se puede acceder a fragmentos de los sueños del artista. Como sea, Joaquín Clausell dejó en aquellos muros el testimonio de sus miedos, fantasías, obsesiones, anhelos y fantasmas: ésa fue una obra en la que trabajó cada día de su vida.

Muros del estudio de Joaquín Clausell,

pintados por el artista (fragmento).

Quizá en ese afán de capturar paisajes, le gustaba realizar largas caminatas acompañado por su amigo el Doctor Atl; además de platicar o discutir con él sobre diversos temas, disfrutaba al internarse en las zonas boscosas y lejanas que se encontraban al sur de la ciudad: en las afueras, pues entonces esos sitos aún no habían sido tragados por la mancha urbana: el Pedregal, Fuentes Brotantes y el Ajusco. Ahí elaboraba algunos bocetos en su cuaderno de trabajo, que después trasladaba al lienzo.

El Ajusco.



Así, el único impresionista mexicano murió a los 69 años mientras se encontraba de paseo en las Lagunas de Zempoala, en el límite de los estados de México y Morelos: todo sucedió cuando resbaló de una roca, la caída fue mortal.

Si te interesa conocer en persona la obra de Joaquín Clausell te recomendamos asistir en la primera oportunidad al Museo de la Ciudad de México: está ubicado en Pino Suárez No. 30, en el Centro Histórico.

Fuentes brotantes.