La costumbre de entregar el anillo de compromiso surge entre los caballeros romanos, quienes aseguraban su contrato matrimonial con una pieza de hierro en forma de aro que la mujer conservaba hasta que fuera cumplida la promesa de matrimonio.
Se dice que el primer anillo de compromiso con un diamante y las características del que actualmente se entrega, fue el que en 1477 le regaló el Archiduque Maximilliano de Austria a Mary de Burgundy.
La tradición de que dicha joya llevase un diamante se popularizó a tal grado que se hicieron cortes y montaduras especiales para incrementar la blancura y el brillo de la piedra.
Con respecto al dedo en el que se debe usar el anillo de compromiso, el cual es el dedo anular de la mano izquierda; hay dos probables tradiciones que lo justifican.
Una viene de las antiguas culturas egipcia y romana, donde las mujeres lucían el anillo en este dedo porque por ahí pasa la "vena amoris" que va del dedo anular al corazón y ere en éste donde se creía que nacía y se cultivaba el amor.
La otra proviene de una leyenda china que dice que los dedos pulgares representan a los padres, los índices a los hermanos, los medios a nosotros mismos, los meñiques a los hijos y los anulares a la pareja que formamos.